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Museo Soumaya, en Plaza Carso, Polanco D.F.

(Por Carlos Torres Trejo) Al fin el día de hoy pude visitar el nuevo Museo Soumaya, ubicado en plaza Carso en Polanco. Con una cantidad de gente esperada, ya que acaba de inaugurarse el pasado 6 de abril, y bajo un calor insoportable en el exterior, por fin tuve acceso a la afamada colección del magnate. Mi diagnóstico… Mira, mira lo que tengo; tamales de chile, de mole y de dulce. Pobre esfuerzo curatorial, aunado a una extraña mezcla de las piezas en las salas de exhibición. Que todo México se entere que “me encanta coleccionar arte”, es como ir a una su juguetería y ver que le encantan los carritos y las barbies, aunque un niño bastante pretencioso y orientado, hacia las cotizaciones del mercado del arte. Entremezcla de piezas de valor histórico para el arte, piezas de manufactura “no tan delicada” y una arrogancia en tanto a la acción del coleccionismo mismo. Una muestra de chile, de mole y de dulce, muy amplia.

La monumental estructura fue diseñada por el arquitecto Fernando Romero, yerno de Carlos Slim y fundador del Laboratory of Architecture, y contó con una inversión de más de 800 millones de dólares. La entrada gratuita. Se dice una de las colecciones privadas más importantes de América Latina. Cuenta con seis polantas, alrededor de seis mil dos cientos obras de arte (no sé si todas lo son, a decir verdad), cifra que se dice comprende únicamente el 10% del total de la colección, hasta hoy contabilizada en 66 mil piezas.

Naturaleza Muerta Rufino Tamayo

Recibidos por, a mi juicio, una grosera reproducción del Laocoonte, un pensador de Rodin y la Piedad, entramos al nuevo Slim Center. De lado izquierda, hacia arriba, nos saluda afable, Naturaleza Muerta de Tamayo.

La verdad, las primeras salas me aburrieron, o más bien no entendía yo a bien de qué era la exhibición. Colección numismática, colección de objetos, colección de retratos. Me sentí en extraña mezcla entre el Palacio de Chapultepec y Antropología e Historia.

Cristo de San Juan de la Cruz , Salvador Dalí

Ya un poco más arriba, comenzó lo verdaderamente interesante. Buena muestra de arte sacro, pero en absoluto explicado. Cédulas, correctas, más nada hiladas. Una preciosísima Inmaculada Concepción de Murillo.

Lo que más vale la pena, a mi juicio, las obras de Murillo, Villalpando, y el Greco. Las lágrimas de San Pedro, impactante. Un dibujo de Renoir, obras de Matisse, Rivera, Tamayo, 3 obras de Siqueiros, absolutamente soberbias (El Verdugo, El Secreto, El Hechicero)  Una melancolía de Artemisa Gentileschi verdaderamente cautivante.Varias obras interesantes de las primeras vanguardias. El Paisaje Tempestuoso de Vlaminck, me quedé absorto. Obras de Miró. Un cuadro muy interesante de Picabia. Dufy, Braque, Picasso, de Chirico. Junto con Rivera, y Dr. Atl así como Zárraga, Juan Soriano y Toledo. A mi juicio, de las piezas que más me impactaron, las esculturas de Dalí. Newton Surrealista y la escultura del Cristo de San Juan de la Cruz, junto a las que ya se encontraban en exhibición en el Soumaya de Plaza Loreto. De las demás esculturas, me pareció todas haberlas visto también antes en Soumaya Plaza Loreto. Las obras ya clásicas de Jesús Helguera coronan el final de la exposición sobre plástica, con su Leyenda de los Volcanes y el majestuoso Amor Indio, que aún sus obras no acaban de ser de mi predilección. El descubrimiento, Cabeza de Niño de Joaquín Sorolla, muy intrigante.

Sala de escultura, Museo Soumaya

Sinceramente, no me encantó. Interesante muestra, pero me sentí perdido. Sentí, será por mis prejuicios, que muchas obras estaban ahí por su valor de mercado. Muchos nombres conocidos, entremezclados. Ensalada mixta de famosos, y algunos no tanto. La parte de piezas prehispánicas me salió sobrando. Según me comentan, de la inauguración al día de hoy, varias obras han cambiado de lugar, y se siguen agregando más piezas. Me gustaría poder apreciar un concepto más claro, no tanto una bodega.

Recomendable de visitar, gratuito. Comentario que se llevó el día. Dos mujeres “de sociedad” que se encuentran. – ¡Hola amiga! ¿Qué andas haciendo por aquí?…. lo mismo digo yo ¿tú qué andas haciendo por aquí?… efusividad extrema e inocente. Yo me sigo preguntando, fue que iban pasando y llegaron por casualidad, así no más, ¿quién sabe qué hacían ahí? Me pregunto cuántos saldrán con la misma duda aunque la mía es.. ¿Qué hacen todas esas obras ahí? ¿Son meramente el resultado de (des)afortunadas subastas?

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