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(Por Carlos Torres Trejo)

De nuevo en una búsqueda sobre discursos fotográficos de identidad y género me he encontrado, gracias a mi clase de fotografía del s.XX, con una de las fotógrafas más importantes de inicios de siglo, cuya obra resulta simplemente impactante por su fuerza, por su difícil categorización, Claude Cahun.

De nacimiento nombrada Lucy Renée Mathilde Schwob, nació en la ciudad francesa de Nantes en 1894. Adoptó el nombre de Claude Cahun en honor de su tío abuelo Léon Cahun. Realizó estudios en Oxford entre 1907 y 1908 y después, para 1914, estudió Filosofía y Letras en la Sorbona de París. Ligada al grupo de los surrealistas, especialmente con Breton y Bataille, participó en la fundación de la Revista Contre Attaque.

En 1925 publicó “Heroínas” siete relatos cortos e irónicos sobre arquetipos femeninos, en memoria de las “moralidades legendarias”, Eva, la demasiado crédula, Dalila, la mujer entre las mujeres, Judith, la sádica, Helena, la rebelde, Safo la incomprendida, Salomé, la escéptica… En 1930 con “Confesiones no confesadas”, libro inclasificable de “poemas-ensayos” o “ensayos-poemas”, ilustrados con diez fotomontajes, indaga en la androginia, la máscara y el espejo.

Por algunas de sus acciones contra el nazismo, en 1944 fue arrestada y condenada a muerte por la Gestapo, condena de la que se libró al ser liberada la isla poco antes de que la sentencia fuera ejecutada.

Concretamente en 1992 la publicación de su biografía “Claude Cahun: L ‘écart y la métamorphose” a cargo de François Leperlier, redescubre a la gran artista y a la única fotógrafa significativa del grupo surrealista ya que Lee Miller y Dora Maar sólo mantuvieron una breve relación con dicho grupo.

La obra de Cahun salta a la vista, entendida desde el contexto que se enmarca, el surrealismo. Si bien es sabido el carácter superviso del grupo surrealista francés comandado por Bretón, aún sorprende por la misión misógina del arte y en general de su producción. Difícil encontrar mujeres fotógrafas, artistas, que encuentren eco a sus propuestas. Será hasta la aparición de Man Ray y Hans Bellmar que la obra de Cahun consiga adeptos, se inscriba en un cuadro más amplio de concepción conceptual. Cabe resaltar, Cahun la primera en usar su cuerpo como lienzo, como objeto, como discurso. Después de 50 años su propuesta tendra eco en Cindy Sherman, Sarah Lucas y Nan Goldin, quienes igualmente hacen de su cuerpo el soporte de sus investigaciones.

La propuesta principal de Cahun, la no-identidad. El cuerpo como un no sitio, o más bien un espacio de indefinición ante el enorme peso que le da la sociedad al binomio hombre O mujer. Ya las teorías sobre la identidad de Hall señalan el concepto de la otredad. Yo me reconozco porque sé lo que no soy. A través de la negación del otro identifico las cosas que me definen y me hacen particular. Desde motivos biológicos, hasta identificaciones sociales en sentido estructural, la sociedad demanda del individuo inscribirse en casillas de acción, abstraerse a etiquetas predefinidas. Precusora Cahun de los movimientos de género, su lucha no va sobre el reconocimiento de lo femenino en el evidente mundo masculino de la época, sino más hacia una indefinición. El juego entre la vista, la sombra, el reflejo. El individuo que a través de la imagen es identificado, lo que es. El recurso de la vestimenta entendido desde la construcción integral de un maniquí, explorado hacia el modelo andrógino, ¿qué es entonces?

Con una poética sobre la “falsedad de la imagen” queda una experimentación plástica rica. No sólo fotógrafa, sino artista plástica y escritora, la artista investiga la transdisciplina que indica qué se ve, que logra mezclar y yuxtaponer los juegos de la identidad al límite.


Su obra sin pretensiones, no pretende sorprender ni escandalizar, no busca una visibilidad. La construcción de un mito personal, de una nueva codificación, o más bien, destrucción del género implusa su obra hacia sublimes muestras de una teoría que no va a tener auge ya hasta entrado siglo XXI con el pansexualismo y la consecución de una verdadera “libertad” sexual, rota desde su estructura.

Suprimida de su tiempo, fue hasta 1992 que la obra de Cahun fue retomada por varios de los museos más importantes de todo el mundo, en París, Londes y Nueva York.

Te mira, se pregunta y comprende… Me veo; luego existo… alejada de prototipos, trastocando aún hoy día nuestros parámetros tan singulares de realidad, de la verdad tras el género… ¿quién eres?

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