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(Por Carlos Torres Trejo) El día de hoy dedico esta entrada a una breve crítica cinematográfica. El día sábado tuve el placer de ver Medianoche en París, la última producción de Woody Allen. Desde su presentación, como película de apertura en el 64º Festival de Cannes, esperaba con ansia verla, y creo que acerté con bastante agrado. Después de Vicky, Cristina y Barcelona, la última película del director neoyorkino que a juicios divididos generó expectativa, Medianoche en París se presenta como una fábula romántico-existencialista, cargada de una cierta cursilería naive bastante encantadora.

Medianoche en París, estelarizada por (Gil) Owen Wilson y (Inez) Rachel McAdams nos cuenta la historia de un escritor en París, y su gran amor por la ciudad. Imbuido en un entorno social “de élite” donde la pose y la pedantería son sinónimo de cultura, Gil se encontrará perdido en la angustia de sus ilusiones, caracterizadas por un sentido de “el pasado era mucho mejor que el presente” . A punto de casarse con Inez, su vida se encuentra en un limbo, un bloqueo lo detiene a pensar en la mediocridad de su vida. A través de viajes de ensueño en horario Cenicienta, Gil conocerá a las grandes figuras literarias y del arte de los años 20’s, en el París que alguna vez fue el epicentro del arte y decidirá tomar otro rumbo. A través de su contacto con Fitzgerald, Hemingway, Gertrude Stein, Picasso, Dalí, Buñuel entre otros, poco a poco Gil se ira contagiando de un espíritu de un París vivo, ardiente, que resultará muy renovador y paradógico, al menos para comprenderse en el presente.

Sin duda alguna bajo una línea de crítica y una estructura de bucle, que nos va introduciendo y perdiendo en los saltos de época dentro de la historia, Allen se deja sentir romántico, soñador, pero siempre existencialista. Una historia que sin dejar de ser romántica, critica un crudo realismo convertido en mediocridad aristócrata, así como una extrema idealización. El tema central de la película, cada época es hermosa, es interesante, en su justo desarrollo y creación. De poco sirve vivir en el pasado, si eso no genera en el presente una renovación.

El elenco y su director en la presentación de la 64º edición del Festival de Cannes

Una de las cosas más remarcables de la película, además de la evidente crítica a la ensoñación sobre “tiempos mejores” me parece en tanto al american way of life. Si bien Gil parece un personaje bastante idiota, lo resultan ser más sus periféricos compatriotas. Gente “práctica” e inmersa en el “buen gusto” y el conocimiento del arte, que únicamente se valen de la cultura con motivo de un estatus plástico chocante. Un señalamiento, intertextual, al movimiento del centro del arte hacia los Estados Unidos, pero bajo una comprensión muy superficial, muy poco clara, y hacia una crítica que se vuelve hiper especializada y “muy precisa” pero que en nada comprende el proceso activo del artista, que eleva a mercancía de alto valor el arte, quitándole todo aquello humano que pueda elevarla ya al nivel de “arte”.

El pasado, un pasado grandioso y bastante convulso pero que en su tiempo es poco valorado. La comprensión que la idealización de cada época radica en su síntesis, en su estudio, y su apropiación. Cada época con sus movimientos y tendencias, dejando de lado los ideales de “mejora y progreso”, Allen nos pinta sólo un futuro, un camino en construcción con múltiples vías. Un existencialismo rico, lleno no de un encadenamiento mediocre, sino de un proceso de eterno cambio y devenir, donde la opción radica en comenzar a vivir el presente más allá de sentimentalismo.

Una película que se disfruta más si se conoce un poco de los personajes, pero que aún sin ello vale la pena ver. Presiento que durará poco en cartelera, pero totalmente recomendable. Aún que no se quiera, la ensoñación y motivación se transmite, curioso en el sarcasmo que suele manejar Allen, pero aún así totalmente disfrutable. Una crítica hacia una sociedad que se ve vacía, perdida en una época donde ya no hay más, pero que pese a la transdisciplina tan de moda en los estudios, desea sólo perderse en su pasado, y no mirar que la historia como una línea del tiempo desde hace mucho es un concepto muy superado ya.

Medianoche en París, para perderse, enamorarse, y perderse en un poco de realidad.

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Un pensamiento en “De viaje con Allen… Medianoche en París al Hoyo Negro…

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