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(Por Carlos Torres Trejo) Para muchos de los que me conocen, saben que uno de los grandes temas de los que me encanta hablar es el SEXO. Ya sea desde una simple perversión escatológica que surge al echar la broma, o una discusión sería como solíamos tenerlas en en la Licenciatura dentro de las clases de estudios culturales, que hasta en la Expo-Sexo acabamos, el Sexo es y será uno de los grandes temas de siempre.

Esta entrada más bien surge de una reflexión hacia el caso concreto de la pornografía y del sentido en el que hablamos de ella. Fascinado nos tenía “un profesor” con el tema del “otro calentamiento global” y la aldea global, y la globalización, y la posmodernidad, y la pornografía, y SEXO, SEXO, SEXO, sin embargo, apenas tuve la oportunidad de acercarme a un texto, que creo me hizo de nueva cuenta regresar al tema y verlo quizá desde otra perspectiva.

Los hechos.

Es bien sabido que una de las grandes industrias de hoy día la constituye la empresa del porno. A miles de millones de dólares asciende la derrama económica que la industria del porno deja. Pese que muchos quieren considerarla como algo “fuera de los parámetros sociales”, y es “mal vista”, al menos de dientes para afuera, la verdad es que ya sea en el mercado, los puestos de eje central o las sex shops pípiris de Erotika, todas venden porno, y muy bien. La industria no únicamente se ha consagrado a la producción y distribución de películas, sino que más allá es toda una serie de productos culturales que engloban inclusive una cultura y un estilo de vida. ¿cuál? el de todos, el de las masas básicamente, un mercado muy fértil.

El porno es malo, el porno contamina. El porno ensucia tu mente. Clasificaciones A, B, C, XXX. Revistas prohibidas para cierto público. Toda una serie de repetición de patrones y estereotipos, modelos de conducta. Un sobrecalentamiento de los mensajes, sexuación de los contenidos. Si la mujer objeto fue la gran incursión de los reality show, de los programas de revista matutinos, el hombre objeto llegó en el s. XXI a demandar su lugar, también como decoración dentro de los sets, no sólo de la televisión, del cine, de la industria global en general. No necesitamos contenido, ahora sólo, moldes perfectos, belleza, placer displicente. Como siguiente las lecciones de Onfray, una contrahistoria de la filosofía que apunta más hacia un placer hedónico, narcisista, revolucionario pero ilustrado. La atención a las demandas de la sobreliberación sexual, todos contra todos que al fin, el goce del cuerpo en su búsqueda sin límites… y de pronto…

Annie Sprinkle y el show post porno! La congelada de Uva en México con discursos sexuales que nada de género tienen! sino una búsqueda de otra comprensión. Y ahora la reflexión en torno al texto de Susan Sontag, la “Imagen Pornográfica” que se encuentra en su libro “Estilos radicales”… será que estamos analizando correctamente el tema, o será que sólo hemos ya agotado una parte en cuestión. La única verdad, el porno se basa en la reiteración de estereotipos, carece generalmente de una narrativa y es aspiracional. ¿No será que nuestra visión del porno “malo malo” ya quedó demasiado desgastada e inclusive inútil? Parece ser cierto, los aparatos ideológicos del Estado han surgido efecto, y eficientemente han integrado, remediado como diría Barbero, dichos productos culturales de manera que, se encuentran más que integrados a la sociedad, desde una visión muy hipócrita, claro está, pero que deja una cantidad impresionante de dinero. La cuestión es que la imagen pornográfica y esa maldad que tanto odiamos, no se encuentra sólo ahí, en el porno… un acto también muy perverso es ver Thor o Crepúsculo, inclusive de aún una insanidad mayor que mirar inocente pornografía sin licencia en la red.

 

Ahora, el punto de Sontag es, ¿no será que nos encontramos más bien perdidos en un dilema terminológico? No será que estamos por el lado contrario despreciando ciertos textos pornográficos que SÍ son arte, e inclusive textos como los de Sprinkle que pretenden más que nada “deconstruir” el sentido burdo y plástico de la pornografía. Buen ejemplo también ha dado Bruce Labruce en tanto a generar “pornografía” que sale muy de los esquemas convencionales de acción, y convertirlo en algo que difícilmente se sabe qué es. El problema que establece Sontag, nuestro filtro “pornografía” es tan grande, que echamos a la basura lo mismo que sexo explícito que erotismo clasificado.

Post porno feminista

La cuestión de Sontag, que me parece interesante de reafirmar, es que hoy día (dígase que el texto es de los años 60’s, pero seguimos perdidos en lo mismo)  lo que menos importa es generar una estructura sintáctica con claves sobre “qué tan sucio el porno es”, sino más bien una semántica, ya que en ella es donde podemos encontrar los significados. El gran arma del arte, y que siempre se ha valido de él, es utilizar el propio discurso institucional en su contra, volverlo contra sí. No siempre funciona, y no sólo tiene que ver con el formato. Sontag menciona que grandes obras de la literatura han sido desplazadas simplemente por considerárselas pornográficas, lo que para la crítica involucra, de inferior categoría. Esto tampoco implica entonces querer encontrar grandes discursos en todas las producciones de dicha naturaleza, sino más bien voltear a ver aquellas que desde ahí, llaman nuestra atención hacia otras lecturas.

Sontag menciona como ejemplos destacables Historia de O dentro de la literatura, y Saló de Pasolinni en el cine, dos obras maestras, que perturban y mueven fibras sensibles, pero que en el fondo cuentan historias llenas de sentido, de una humanidad sin igual. Que más allá de caer en estereotipos fofos de la teoría de género, y sin buscar una precisa definición sexual, involucran la identidad sexual, y de paso la perversión, como temas centrales del dilema humano, quizá cayendo aún más en su indefinición. Textos que por su naturaleza misma corrompen y nos trasgreden, pero precisamente eso, traspasan al espectador. No son sólo vehículos de vidas mediocres y vacías que desean rellenos sanitarios a sus vidas, son contraposiciones, cataplasmas de mierda que se estrellan directo en la cara del espectador, de cierta manera espeluznante.

Escena de Saló o 120 días en Sodoma de Pier Paolo Pasolini

Interesante en el sentido que, hoy día todos hablamos de sexo, o al menos los que nos creemos más liberales, pero difícil es llegar hacia una orientación. Fácil de confundirse entre prejuicio y exaltación, o frivolidad plástica. Parece existir, ya desde los 70’s, más allá de la queer theory, bastante corta de visión, un movimiento contemporáneo que busca sí, la salvación del alma a través del cuerpo, de la comprensión de su sexo pero no por antagonismo y contraposición, sino por deconstrucción.

Habrá que ver entonces qué perversión sigue, en vías de no caer en nueva cuenta a los caprichos de la sumisión del deseo, de la perversión…

Terrorist Blowjob - Bruce Labruce

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