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Image(Carlos Torres Trejo)

Ya ando de nuevo por acá. Con una resistencia y desánimo absurdo ante la vida crítica de México, ando con nuevos bríos porque saben qué, lo triste es que en México todos decimos que todo está mal, pero misteriosamente se nos va la vida en puras quejas, y de actuar, salimos debiendo.

En esta ocasión, y misteriosamente encadenada a mis actividad académicas recientes, me ha sorprendido gustosamente “La Chispa de la Vida” de Alex de la Iglesia. Si bien el trabajo de Alex sólo resuena en mi cabeza por El Día de la Bestia, que respeto por ser de culto, pero en particular el final no me convence, en ésta creo que sí se voló la barda.

Primero, los hechos. En esta producción española a manera de cuento, Roberto Gómez (José Mata, uno de los cómicos preferidos en España) es un freelance de la publicidad que lleva dos años sin conseguir empleo. La difícil situación en la que se encuentra la Unión Europea en general lo ha llevado a niveles insospechados de depresión. La única que parece mantenerlo a flote es Luisa (Salma Hayek) su esposa, una maestra que ha decidido apoyar a su esposo en todo y que es, en realidad el soporte de la casa. Ante la situación desesperada, un día cualquiera Roberto decide salir a buscar trabajo y ante la depresión de no conseguirlo, decide darle una sorpresa especial a su esposa, llevarla de nuevo al hotel donde ha sido su luna de miel, el Hotel Cartagena. Desgraciadamente éste ha sido convertido en un Museo, y tras violar las reglas de seguridad, cae accidentalmente, clavándose una varilla de metal en la cabeza. De aquí en adelante, toda la historia transcurre entre medios, espectáculo, poder, y familia.

Una familia clasemediera en la ruina, dos policías polarizados, medios voraces y una periodista redimida, una directora del museo deshecha, y un alcalde incompetente, son la mezcla perfecta de opuestos que conforman mucho de la realidad social.

Si bien a ciencia cierta, la historia de ínfulas hollywoodescas de comedia negra en ocasiones se tambalea en una dirección que se ve que cuesta a Alex de la Iglesia, es una historia, que no se puede dejar de ver, tan cruda y poco sutil como debe ser. Varios puntos a resaltar, además de las actuaciones, que no son sobresalientes, y en ocasiones tanto cuanto estereotipadas, la historia resuena en una moraleja social, que a mi en lo particular, estuvo a punto de causarme una úlcera. Será que como lo pensé en ese momento, me duele porque conozco los medios, los he visto y trabajado para ellos. La política informativa es una mierda.

¿Cuánto puede valer tu vida? la búsqueda infalible de una cobertura mediática despiadada. Los dueños de los medios no son periodistas, empresarios poderosos que buscan lucrar ante la expectativa y el morbo del espectador. Dudosa la procedencia de la calidad informativa. Kapuscinski está muerto, y al parecer también cualquier respeto a lucrar con la vida, cualquier vocación humanista de las televisoras. Si Guy Debord es el que no está muerto, nuestra Sociedad del Espectáculo es ahora más viva que nunca. Estamos al parecer sentenciados. Y es en donde este tipo de “cuentos”, que a la señora de atrás de mi butaca le parecen medio “chafones”, tienen algún alcance en la sociedad.

Responsabilidades muchas, claro. Desde las altas esferas del poder, la directora del museo, hasta el doctor, y el propio policía, cada uno encerrados en un mundo de personajes, donde lo que importa no es qué tan absorbidos estén por el ambiente, sino cuánto pueden salir por una vez de sí mismos. Lo único que creo que se lleva siempre es la dignidad. El peso de una conciencia ante “La alegría de vivir”, en una crisis económica que ha dejado a miles sin trabajo, y parece que sin alma también.

La publicidad como el ultimate de los engaños. ¿Es mala? claro que no, mientras entendamos que somos sujetos, que algo portamos, más allá de dinero. Cuando entendamos que a veces, como Luisa, es necesario patear el maletín lleno de dinero.

Me parece una total obra de revindicación. ¿Una obra maestra? no lo creo, pero sí un necesario respiro de reflexión. Privados y secuestrados de nuestra tranquilidad ante el peso del éxito y del progreso, bendita sea la modernidad en nuestras naciones. Sistemas de organización capital que a duras penas dan para seguir teniendo alma. No es que todo esté mal, de nada me sirve saberlo a diario a todo momento. Mi queja a diario con las noticias, hartazgo de basura que no me sirve, que no me nutre. Es generar pautas de un nuevo obituario nacional, con acciones fehacientes.

Lo interesante en la Chispa de la Vida es lo multifacética que pueda ser, desde telenovela latinoamericana hasta documental de exceso y trasgresión, es todo lo que han podido ser los medios.

Aunque apoyada por muchas empresas y el gobierno local “La Chispa de la Vida” resulta una de las comedias negras más significativas de la década. Su pulso es incierto, violento. Su propia construcción me asemeja más bien a la realidad. Obra no sobre intelectualizada que no pretende encontrar el hilo negro de una realidad que transcurre, y que parece, queremos creer que ha dejado de afectar. Por un desarrollo de nueva cuenta de las afecciones, aunque sea al sentido de humanidad.

Un alto ante nuestros propios hábitos y nuestra fragilidad. Una búsqueda en nuestra absurda cotidianeidad, no para darnos cuenta del “Secreto”, absurdo mantra con palmaditas en la espalda, sino para una introspección de fondo, de eso que nos sostiene en realidad. La chispa de la vida, viene del encuentro, no de un gaseoso refresco, ni de ninguna materialidad, sólo de los encuentros con la animada subjetividad de los que vivimos en sus corazones.

Quizá el reto ahora, sea no perder esa chispa de subjetividad…

____

Aquí como complemento, un artículo que me resulta significativo de Elena Poniatowska y la Muerte de Ryszard Kapuscinski, un periodista de verdad…

http://www.jornada.unam.mx/2007/01/26/index.php?section=opinion&article=a07a1cul

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