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Diario de la Cultura.com.ar

La noche del 9 de agosto 1969, Manson y tres compañeros de una comuna hippie de las afueras de Los Ángeles entraron en el 10050 de Cielo Drive. Se hacían llamar ‘La Familia’. Charles era su líder y creían firmemente en la necesidad de instigar una guerra racial que el propio Manson había vaticinado.

En la fecha en que se conmemoran 40 años de su condena, la revista Vanity Fair publicará una entrevista exclusiva en su edición de mayo. “Soy muy mezquino. Soy muy mal hombre. No juego. Disparo a la gente”, declaró Manson al ser preguntado sobre el crimen. “Yo vivo en el inframundo. No le digo a la gente lo que tiene que hacer. Soy muy mezquino. Soy muy mal hombre. Sucio. Estoy en la plaza de toros. No juego. Disparo a la gente. Soy un forajido. Soy todo lo malo”, añadió.

Sharon Tate, la mujer de Roman Polanski, estaba embarazada de ocho meses y recibió dieciséis puñaladas. La dejaron morir desangrada y la colgaron del techo junto a Jay Sebring. Sus otros invitados, Abigail Folger y Voytek Frykowski, fueron apuñalados en los jardines exteriores de la mansión del cineasta.

Se especuló mucho sobre el móvil del crimen, que aún no está demasiado claro. Algunos rumores apuntan que el posible móvil fue el rodaje de la película de Roman Polanski Rosemary’s Baby. El director había sufrido amenazas de grupos esotéricos de la época a causa del rodaje, ya que trataba un tema polémico como la práctica del satanismo entre las personas de la elite estadounidense.

Originalmente fue condenado a muerte en la cámara de gas. Sin embargo, la pena fue conmutada por cadena perpetua con la posibilidad de salir en libertad condicional. Tras 42 años de cárcel y veinte en silencio, Manson decidió contratar por primera vez a un abogado, Giovanni DiStefano, conocido por defender previamente a Saddam Husein y Slobodan Milosevic.

“Todos somos mártires. El amor es un mártir. Por eso Cristo llama la atención. Por eso le crucificaron. Crucificamos a la gente y colgamos sus cuerpos en una cruz. Y nos llamamos después cristianos. Entonces, ¿quién es el mártir? ¿Quién destruye el amor o quien destruye al destructor? Es un círculo. Es bueno y malo. Sí, soy un mártir. Pero soy también una víctima. Y soy un ejecutor. Y una presa. Soy ambas cosas. Soy todo. No soy nada”, explica Manson. “Tarde o temprano la voluntad de Dios se impondrá sobre todos vosotros. Y a mí me condenasteis por ser la voluntad de Dios”, sentencia.

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