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Madrid, España.- Sirin Adlbi tiene 28 años. Nació en España, aunque es de origen sirio, y lleva años cubriendo su cabello y hombros con el hiyab (un pañuelo que deja libre el rostro). Sirin, investigadora en Estudios Árabes, Islámicos y Orientales y experta en feminismo e Islam, dice que lo lleva por convicción religiosa, y no porque alguien la obligue.

Kenza Drider tiene 32 años, es francesa, vive en Francia y desde los 13 años lleva el niqab (sólo se le pueden ver los ojos).

Dice que llevarlo “es una sumisión ante Dios”. Sin embargo, tiene prohibido hacerlo en lugares públicos. El gobierno que preside Nicolas Sarkozy aprobó hace unos meses por mayoría el uso del velo integral en la calle y la ley acaba de entrar en vigor.

Kenza considera que esa ley pisotea sus derechos como europea y va en contra de su libertad religiosa.

Argumentos encontrados

La llamada “ley antiburka” ha provocado un debate en toda Europa sobre el laicismo y Kenza se ha convertido en el símbolo de la defensa del velo integral. El gobierno francés argumenta que la ley era necesaria porque el velo islámico relega a las mujeres a un estatus inferior incompatible con la noción francesa de igualdad.

Sin embargo, la mayoría de los expertos consideran que con esta ley lo que Sarkozy pretende es recuperar los votos de la extrema derecha xenófoba. Y argumentan que aunque Francia es el país europeo con mayor porcentaje de población musulmana: entre 4 y 6 millones de personas; de sus 90 millones de habitantes, apenas el 0.0062% de las mujeres lleva velo integral. Es decir, unas 2 mil.

Un castigo para la víctima

“Multar o sancionar a la mujer que porta en la calle un burka o un niqab podría acarrear efectos perniciosos porque en el supuesto de que la mujer lo lleve por imposición, se estaría castigando no al verdugo, sino a la víctima”, dice. “Y la multa o sanción le generaría un miedo y una desconfianza que le induciría a replegarse en su ámbito doméstico, donde presumiblemente no respiraría un ambiente de libertad, cegando así su único puente hacia la integración que es la calle”, añade. “Además, la prohibición no asimilada podría generar un efecto dominó, de modo que en vez de acabar con la decena de casos que debe haber en España los podría multiplicar en poco tiempo”.

José María Contreras, subdirector de Relaciones con las Confesiones, asegura que en España apenas un centenar de mujeres se cubren con velos integrales, sobre todo en Cataluña. “Es un contrasentido focalizar en una prenda los problemas de seguridad. A esos efectos da igual un velo que un casco o un pasamontañas”, asegura.

El escritor español Juan Goytisolo, que se define como una persona “absolutamente laica”, cree que en Europa “hay una obsesión” por el uso del burka y califica de “disparate” los intentos por excluir a los musulmanes de las sociedades del viejo continente.

“Tanto la regulación que obliga en algunos países musulmanes al uso del velo como aquella que lo prohíbe en países occidentales tienen en común la dominación de las mujeres por medio de la aplicación sobre sus cuerpos de normativas legales”, asegura la antropóloga española Ángeles Ramírez.

Tanto Amnistía Internacional como el Consejo de Europa han criticado la normativa francesa. Dicen que supone un ataque a la libertad religiosa y muchos achacan a una islamofobia mal disimulada para ganar votos. Amnistía Internacional ha pedido a Francia que derogue la ley porque atenta contra los “valores, creencias e identidad” de las mujeres musulmanas.

Bélgica, el primer país en apostar por la prohibición

Francia no ha sido pionera en la prohibición del velo integral. Bélgica fue el primer país en hacerlo. Ocurrió hace un año, con una ley que se articulaba en torno a multas leves de 15 a 25 euros y de uno a siete días de cárcel para las mujeres que lleven “el rostro cubierto o escondido, parcial o totalmente de manera que impida su identificación”.

También en Holanda y en Italia el debate del velo integral en los lugares públicos ha sido planteado varias veces en los últimos años, aunque todavía no ha sido aprobado en ninguno de los dos casos.

Ni en Alemania ni en Reino Unidos se han llevado a cabo ninguna iniciativa legislativa.

En el caso de Alemania, donde viven más de cuatro millones de musulmanes de origen turco, la mitad de la población aboga por debatir la cuestión, aunque el gobierno no está enfocado en ese asunto.

En el caso de España, donde el uso del burka y el niqab es prácticamente inexistente, hace unos meses el Congreso de los Diputados rechazó una propuesta promovida por el Partido Popular (PP) que pretendía instar al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a adoptar las medidas necesarias para prohibir en espacios públicos el uso del velo integral (niqab y burka), así como cualquier otro atuendo que oculte el rostro y dificulte la identificación de la persona y la comunicación visual, “por tratarse de una discriminación no amparada por la libertad religiosa, al ser contraria a la dignidad de las personas y la igualdad real entre hombres y mujeres”.

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