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  • Quema de JudasMadrid, España.- Se acerca la Semana Santa y los pasajes de la vida de Jesús cobran relevancia en el mundo cristiano. Entre los elementos hagiográficos, la figura de Judas en los últimos días de Cristo soporta el papel que más animadversión provoca entre los cristianos.

    A este discípulo le tocó el peor papel en el reparto. Es el malo de la película y ha sido representado, a lo largo de la historia del arte, con el estigma de ser el más despreciado de los seguidores de Jesús.

    Son muchas las fiestas populares en países como Uruguay, México o España, en las que, preferentemente el Domingo de Resurrección y con el fin de castigarlo por su traición, se apalea, se lincha o quema a un monigote que toma diversos nombres según la localidad, pero que todos representan al apóstol traidor.

    LA VERSIÓN DE LEONARDO DA VINCI

    Antonio Casaseca, profesor de Historia del Arte de la Universidad de Salamanca (España), lo explica así: “La figura de Judas en la pintura y, sobre todo, en el arte, está vinculada casi exclusivamente a “La Última Cena”, tema que aparece narrado en los Evangelios de San Mateo, San Marcos y San Lucas. A partir de ahí, prácticamente en todos los periodos históricos “La Última Cena” aparece siempre como un elemento fundamental con el que se inicia la Semana Santa y, muy especialmente, la Redención del hombre”.

    Debido al papel que representa, la Iglesia aparta a Judas de la cosmología bíblica, restándole importancia hasta casi hacer desvanecer su protagonismo. En el arte se traduce, durante los primeros siglos, por su inclusión en el grupo como uno más, de forma que pasa desapercibido.

    En la obra de Da Vinci, Jesús y sus discípulos forman cuatro grupos de tres. Judas se encuentra en la primera tríada situada al lado izquierdo del Maestro. Leonardo fija la escena en  el momento posterior a la revelación que hace Jesús de la traición a la que sería sometido.

    Las reacciones que se reflejan en los rostros y expresan con sus cuerpos los discípulos manifiestan profundos sentimientos como incredulidad, abatimiento o consternación, según comenta el especialista, quien matiza que “Judas adopta una clara reacción de alejamiento con respecto a Jesús, por quien se siente aludido”.

    UN LUGAR DIFERENTE PARA JUDAS


    “En “La Última Cena” de Ghirlandaio, (1449-1494), una de las más apreciadas por los expertos, el artista, para romper la composición del cuadro, utiliza la fórmula clásica y sienta a Judas detrás de la mesa, de espaldas al espectador. La parte visible de su rostro muestra una actitud de desconcierto”, precisa el  investigador.

    A medida que se acercaba la época del Renacimiento y las figuras comenzaban a adquirir personalidad, los apóstoles se caracterizan por los rasgos singulares que de ellos hablan los Evangelistas en el Nuevo Testamento. “A Judas casi siempre se le representa como un joven barbado, uno de los más jóvenes”, explica el experto.

    “Mientras que en la pintura románica y medieval todos los personajes son iguales, los modelos que emplean Ghirlandaio o Leonardo son personajes de la época, personas normales que los artistas buscan en la calle o en instituciones”, precisa Casaseca.

    En su trabajo sobre “La Última Cena”, cuenta el biógrafo y artista Giorgio Vasari (1511-1574), Leonardo se paseaba por las calles de la ciudad buscando un rostro para Judas. Fueron los modelos para Jesús y Judas los que más le costaron encontrar al maestro.   “Temía que no fuera posible encontrar nadie que, habiendo recibido tantos beneficios del Señor, como Judas, poseyera un corazón tan depravado para hacerle una traición”, dice Vasari en sus “Vite”.

    ““La Última Cena” ha sido uno de los temas más recurrentes de la historia del Arte y grandes pintores como Goya lo han representado, en este caso en una de las escenas más naturales (recostados todos sobre la tierra). De entre los artistas recientes, Salvador Dalí realizó una de las representaciones más hermosas, donde no se puede distinguir a Judas Iscariote, ya que todos los discípulos aparecen reclinados en actitud de duelo. Es una obra donde el pintor demuestra su gran capacidad artística”, concluye Antonio Casaseca.

 

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