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México, D.F..- Anna Kisselgoff podría ser, quizá, una de las críticas con más autoridad en el mundo de la danza; desde las páginas de “The New York Times” se hizo de afectos y de odios. Artistas como Rudolf Nureyev, considerado por muchos como el mejor bailarín del siglo XX, hacia el final de su carrera le cerraba las puertas de los teatros a la especialista porque sólo ella le cuestionaba la baja calidad que había adquirido. Así llegó a ser el poder y la valentía de una crítica.

En México, si bien existen críticos de danza de reconocida trayectoria que les ha valido el respeto de la comunidad cultural, lo cierto es que su oficio ha sido aniquilado poco a poco de las páginas culturales de periódicos y suplementos, sus textos no son bien remunerados; tanto el gremio dancístico como los funcionarios culturales los ignoran y, algunos, tienen vicios como responder a intereses particulares, han bajado la guardia o están dispuestos a legitimar propuestas de cuestionable calidad.

La otra historia

Este escenario no siempre fue desolador. De acuerdo con el crítico Gustavo Emilio Rosales, en su investigación “Aproximaciones a la crítica de danza en México”, fue a partir de los años 80 cuando ante el boom creativo que vivía este arte, por inercia se dio un crecimiento en el número de críticos, quienes abrieron la brecha para el oficio como Campos Ocampo, Óscar Flores, César Delgado, Evangelina Osio, Patricia Camacho, Rosario Manzanos, Colombia Maya, Patricia Pineda, Manuel Arista y Roberto Aguilar, entre otros.

Fenómeno que sucedió en muchos países de América Latina. De acuerdo con el crítico argentino Valerio Cesio, la amplia cartelera dancística estimuló la utilización de profesionales a cargo de teatro o de música a abordar el desafío de ejercer la crítica de danza. De manera que en los años 80 la proliferación de la creación coreográfica fue proporcional a la proliferación de espacios en la prensa, consiguiendo que la crítica como género obtuviera visibilidad, autonomía y respeto.

En México apareció en 1983 el Centro de Investigación y Documentación de la Danza que hoy se llama Centro de Investigación, Documentación e Información de la Danza “José Limón” adscrito al Instituto Nacional de Bellas Artes, que también fomentó la nutrida profesionalización e investigación de la danza mexicana. El sueño, sin embargo, duró poco.

Rosario Manzanos, crítica de danza de la revista Proceso, una de las pocas publicaciones que ha sostenido el espacio a este oficio, advierte que el problema está en la paulatina reducción de los espacios culturales en la prensa, sobre todo, escrita.

“Los medios dejaron de pertenecerle a los periodistas y se convirtieron en el patrimonio de los empresarios. Entonces la perspectiva de información es muy diferente porque ahora se busca información ‘vendible’, es decir, la comercial, efímera y banal; así que ya no creen necesaria la crítica de danza. La oportunidad de publicar y de vivir de tu trabajo es mínima. No es mi caso, pero muchos de mis compañeros con gran renombre no logran tener un espacio con permanencia”.

Hernández pone el dedo en la llaga: “La cultura tenía una importancia política fundamental, los creadores no sólo de danza, sino de todas las artes reflexionaban sobre su quehacer pero también sobre las grandes problemáticas del país y del mundo. Esto cambió, ahora ya no hablamos de colectivos sino de artistas que están muy interesados en las becas del Fonca, si a esto le sumamos que los medios determinaron, por ignorancia, que la danza es irrelevante, pues tenemos un panorama crítico”.

Grupos y crítica

Gustavo Emilio Rosales, periodista, investigador y crítico, apoya la visión de Juan Hernández: “A los grupos dejó de interesarles la crítica, sobre todo si los cuestionaba y eso no les sirve mientras están buscando las becas, de modo que ante la domesticación de los grupos debido a los apoyos institucionales, han querido orillar a los críticos a legitimizar sus obras, si no es así, entonces simplemente nos volvemos invisibles. ¿Esto a quién le sirve?”, cuestiona.

A esa reflexión se suma Rosario Manzanos: “Generaciones van y vienen y en ballet no somos ninguna potencia, estamos muy debajo de los estándares mundiales. La danza contemporánea quizá se salva un poco, pero seamos francos ¿quién viaja desde el primer mundo a nuestro país para tratar de llevarse a una compañía y difundirla más allá de la curiosidad folclórica?

“No digo que el crítico sea el único que puede determinar quién sí es bueno y quién no, pero nuestro oficio es fundamental para marcar las coordenadas. Yo me pregunto quién es el curador del Palacio de Bellas Artes porque quién determinó que un grupo como “Pilobolus” era merecedor de ese espacio, cuando se trata de un grupo desgastado que está muy bien para otros espacios, pero no para el máximo recinto cultural”.

Para Colombia Moya, crítica de danza de “La Jornada”, otro problema radica en que los críticos poco a poco dejaron de comprometerse por miedos o intereses. “Hay gente que de pronto se alió con ciertas personas y pocos se atreven a decir la verdad de lo que ven. ¿Quién se atreve a cuestionar a las figuras? Además, a nadie le importan los bailarines, sólo los directores o coreógrafos. Uno puede ver el programa de mano de las funciones y los nombres de los bailarines no existen”, sostiene.

Ante este panorama, Rosales refiere: “Como crítico tienes que seguir empujando y abriendo los espacios. La crítica debe de nacer como una costumbre de creación, de pensamiento, no sólo de los que nos dedicamos al oficio, sino también de los propios creadores”.

Así, mientras persiste la reducción de los espacios a disciplinas artísticas en general y en un país en donde la información del día a día retrata una realidad adolorida y violenta, que soslaya las referencias al arte, la crítica de danza y sus hacedores se mantienen firmes en ser testigos y partícipes de un movimiento dancístico, sin duda, necesario.

Fiesta en movimiento

* Mesa Redonda. En el marco del Día Internacional de la Danza, a celebrarse el 29 de abril, la Secretaría de Cultura del D.F., convoca a la mesa “La crítica de danza hoy. Una reflexión necesaria”

* Participantes. Alberto Dallal, investigador y crítico (UNAM); Colombia Moya, crítica (“La Jornada”); Patricia Pineda, ex bailarina y crítica; Rosario Manzanos, crítica (“Proceso”); Patricia Cardona, investigadora y crítica, (Cenidi-Danza) y Juan Hernández, periodista y crítico (UNAM).

* Cita. El 27 de abril en el Teatro Benito Juárez (Villalongín, 15. Col. Cuauhtémoc) a la 19 horas. Entrada libre.

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