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México, D.F.- La Ley de Fomento para la Lectura y el Libro es, para algunos profesionales relacionados con la edición, una ley muerta en el sentido de que no puede cumplirse. Y las críticas van más allá: la conciben además como una ley “sin dientes”, pues al no tener sanciones para quien incumpla con asuntos nodales de la misma, como el precio único, se vuelve una ley inoperante, que exige ser perfeccionada.

A un año de que fue publicado el Reglamento que contiene las disposiciones de dicha Ley y a 10 meses de la publicación de los Lineamientos para el Funcionamiento del Registro del Precio Único de Venta al Público de los Libros, persiste la urgencia de perfeccionar esa polémica Ley del libro que fue firmada por el presidente Felipe Calderón y publicada en el Diario Oficial de la Federación el 23 de julio de 2008, luego de tres años de gestiones, un veto presidencial y largas de discusiones.

Esa Ley, que vivió un largo proceso y que se aprobó entre la polémica, la oposición y las críticas, después de publicada vio pasar casi dos años para que el 23 de abril de 2010 se publicara por fin su Reglamento de la Ley de Fomento la Lectura y el Libro. Sin embargo, a un año de distancia, involucrados con la cadena del libro y la lectura aseguran que a la Ley le hace falta andar mucho camino porque es absurda, nació muerta, sin dientes y debe ser perfectible.

Aunque el tema del precio único y su impacto en las librerías sigue siendo un asunto criticado por muchos porque es imposible sujetarse a él pues no implica sanciones, también el tema del fomento de la lectura, genera críticas.

Ha sido un año sin grandes iniciativas a favor de la lectura y el libro que den de qué hablar, aunque en la Ley y el Reglamento se insista en crear acciones permanentes de impulso a la lectura a través de la red de bibliotecas públicas, salas de lectura, bibliotecas escolares, de aula y dotación de acervos.

¿Ley sin sanciones?

Rolando Armesto, director general de la cadena de Librerías Dante de Yucatán, quien siempre ha sido un opositor de la Ley y del precio único, asegura que en cuanto a las librerías es como si no existiera ninguna ley. “De hecho, es una Ley que no tiene dientes porque no tiene sanciones y por tal motivo cada quien hace lo que quiere”.

Para el empresario yucateco la del libro es “una Ley absurda que gracias a Dios no se cumple”, e incluso cree que para todos los que la impulsaron (iniciativa privada o sector público), representa un fracaso y una muestra más de su incompetencia.

Mientras Armesto opina que es una Ley muerta porque no se puede implementar, Guillermo Quijas Corzo-López, editor, gestor cultural en Oaxaca y librero, dice que no la ve muerta, más bien cree que a esa Ley, a su Reglamento y a los Lineamientos les faltan algunas cosas para poderla profesionalizar y que pueda estar completa.

“Ha sido difícil su cumplimiento en muchas ciudades de la República, incluso en el DF”, opina el director de editorial Almadía y presidente de la Asociación de Libreros de México.

“Es cumplible pero por desgracia en México es necesario poner sanciones con esta Ley como con muchas otras; también es necesario un organismo regulador que revise y vea que sí se cumpla”, señala Quijas Corzo-López para tener resultados palpables.

Algo tiene de bueno

Entre las bondades de la Ley de Fomento para la Lectura del Libro, de su Reglamento y los Lineamientos para el Registro del Precio Único de Venta al Público, Guillermo Quijas celebra que sea una legislación surgida de la industria editorial, del sector librero y de algunos escritores, además de que fomente la lectura y el libro.

Pero Armesto señala que no hay que olvidar el presupuesto. “Si nosotros le queremos ver el lado bueno sin ver el presupuesto y el esfuerzo que lleva, pues de repente vemos positivo que ahora hay una base de datos que se ha ido creando para que los libros se registren y también que las librerías están tratando, hasta cierto punto, de dar menos descuentos y cuidar los precios y competir más en servicios que en descuentos”, dice. Sin embargo, el librero reconoce que no hay relación entre el presupuesto y los resultados, pues recuerda que para esta Ley por años hubo gente reuniéndose, después fue votada por los legisladores, vetada por el ex presidente Vicente Fox, que luego se creó un comité para llevarla a cabo y más tarde vinieron muchas gestiones hasta que se aprobó.

“Todo este esfuerzo para los resultados que hay… pues entonces es una perdida de presupuesto, de recursos y de tiempo; en ese sentido, resaltar los mínimos logros que han surgido, pues yo no lo creo; el resultado evidente es que hay menos librerías en el país, que la crisis ha afectado a estas librerías y que la Ley no ha servido absolutamente para nada”, enfatiza Armesto.

En ese registro que está a cargo de Conaculta, faltan muchos libros, pues las editoriales no están obligadas a hacerlo.

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