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MÉXICO, DF.- Novedoso hasta en su ubicación, el recinto artístico se localiza en el área de Polanco, al noroeste en la Ciudad de México, justo “arriba” del Bosque de Chapultepec, y como desde hace muchos años, ahí convergen los usos múltiples como el comercial, residencial, corporativo y —por supuesto— cultural, y ahora éste se suma a la lista de grandes museos.

Decimos grande en todo el sentido de la palabra: a sus 17 mil metros cuadrados de construcción —más de 6 mil de ellos son piso de exhibición—, se agrega la Plaza Corso, un conjunto comercial-inmobiliario donde todavía falta edificar el teatro Cervantes —para octubre próximo— y otro museo, donde se colocará la colección de arte contemporáneo Jumex, para finales de 2012.

De formas caprichosas

Imperdonable sería en México que no se haga uso de la creatividad y el ingenio para ponerle ya un sobrenombre a una obra recién inaugurada.

La forma ondulante del edificio del Museo Soumaya es vista con harta imaginación por algunos como un corsé, otros como todo el talle acinturado de cualquier guapa mujer. Para muchos más, quizá los más técnicos, como un desafío o capricho de diseño; la cosa es que sobran los calificativos para definir en una palabra el edificio.

Y es que Carlos Slim, ahora es ligado a ciertas palabras como “arte”, “museo”, “Polanco” y “colección”, tanto como lo ha sido en los dos últimos años a “Forbes”, “rico”, “millones” y “el más”. Es precisamente su dinero lo que le permite ofrecer este “regalo” a México.

Un parque de arte

En el interior del edifico se hablan de tú a tú esculturas de Salvador Dalí y Auguste Rodin; conviven imágenes de nuestros Diego Rivera y Rufino Tamayo. Y se miran de reojo lo mismo un Renoir a un Piccasso que un Siqueiros a un Monet. Slim nombró Soumaya al recinto en memoria de su mujer, armando una colección que supera las 60 mil piezas.

Obra del arquitecto Fernando Romero —yerno de Carlos Slim—, el Museo Soumaya difícilmente le es indiferente a quien lo ve. Sostenido por 28 columnas de acero de diferentes diámetros, con más de 47 metros de altura y recubierto por 17 mil paneles hexagonales metálicos por el exterior, suma seis pisos atiborrados de arte, y sólo en el último la luz natural tiene el privilegio de tocar las piezas de Salvador Dalí y Auguste Rodin, de quien por cierto, Slim Helú posee la segunda colección más importante del mundo.

En el resto de las plantas que, ecomiendan, deben ser recorridas desde arriba, como en espiral, reina un aparente desorden donde los autores y sus obras son clasificadas con pequeñas fichas donde se incluyen datos como nombre, fecha y lugar de nacimiento y muerte; título en español, idioma original e inglés; fecha de creación; material y técnicas utilizadas; y —en algunos casos— una breve descripción a manera de marco teórico o contextual como los cuadros de Jean Baptiste Camille Corot, Frans Hals o el Dr. Atl.

Así, del quinto al tercer piso, encontramos desde esculturas precolombinas hasta murales de Diego Rivera; lo mismo una escultura de Botero que un traje largo del diseñador Alexander Moqueen. Por su parte, la segunda planta está reservada para una amplia colección de monedas de oro y medallas al mérito civil del Segundo Imperio mexicano, que conviven con muestras diversas de la numismática mexicana sacadas directamente de las casa de moneda que les dio origen.

A decir del director del museo, Alfonso Miranda, la mezcla de que son testigos quienes asisten al Soumaya tiene una razón de ser. Y la justifica diciendo que la colección de Carlos Slim es tan extensa que decidieron establecer analogías, puentes de comunicación entre la historia del arte en México y la historia del arte en Occidente.

“En una misma sala tenemos a los antiguos maestros europeos con nuestros antiguos maestros novohispanos. Es una apuesta, nuestra apuesta. Por poner un ejemplo, hemos colocado una Inmaculada de Murillo junto a un anónimo novohispano que representa también a la Inmaculada Concepción”, declaró en la inauguración a El Universal.

Finalmente —aunque debiera ser “para empezar”— son precisamente una de las versiones de El Pensador y sólo a unos metros —tras subir la primera escalinata interior— una de las pocas replicas autorizadas de La Piedad, las esculturas que reciben a los visitantes del Soumaya, igual que dieron la bienvenida al presidente de México, Felipe Calderón, quien junto con el premio Nobel Gabriel García Márquez y el periodista estadounidense Larry King, dijo del Soumaya que “coloca a México en la vanguardia del mundo de la cultura”.

Así, desde este año los mexicanos —lo mismo que los extranjeros— pueden visitar de manera gratuita el nuevo Museo Sopumaya, y, de paso, disfrutar de la Plaza Corso, el nuevo centro comercial de Polanco.

Para más información sobre la experiencia del Hoyo Negro en el museo puedes consultar “De chile, de mole y de dulce… el nuevo Museo Soumaya al Hoyo Negro”…

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